sábado, 10 de mayo de 2014

EN DIAS DE LLUVIA SE ME DA POR ESCRIBIR

Cuenta la leyenda y mi madre que el día que nací San Pedro lloró a más no poder. Eran las  seis y media de la tarde de un gris y mojado miércoles de otoño y  yo abrí los ojos en medio de un aguacero. Al señor del cielo se le ocurrió hacer llover como hacía mucho no sucedía. Inundó la ciudad y  mi madre, con mi abuela, tuvieron que esperar un par de horas para que llegue mi papá y  otras tantas más para que los que no sabían de mi existencia me conocieran. Mi papá no me vió nacer, porque antes no era como ahora. A principios del 90 las madres, o por lo menos la mía,  parían solas.
Hoy abrí los ojos como hace 23 años en un sábado otoñal y percibí el olor a tierra mojada, ese que antecede y que procede a la lluvia. Podría haberme quedado en la cama hasta tarde, pero preferí tomar impulso y hacer el itinerario del día porque la cama y la lluvia son el combo perfecto para hacerlo en compañía, no en soledad.
Hay algo que me llena de energía el cuerpo y me llena el alma de felicidad: los días oscuros y hoy fue uno de esos. Hoy es un día especial por un secreto.Una confidencia que conocemos sólo unos cuantos. Para qué negarlo.
Me levanté pensando en lo que quedó del sueño de la noche. Fue prohibido y pecaminoso  y con la persona menos indicada. Lo confieso.  Hace dos noches que sueño a ese sujeto: la primera, creo, porque me había olvidado de su cara y el inconsciente me lo recordó. Estaba en peligro y no podía llegar a ayudarlo por la lluvia. La segunda, soñé una fiesta, la pasábamos bien, bailábamos, nos reíamos y  la lluvia la suspendió. Quedé meditativa, como cuando uno espera la respuesta  y en el sueño te caés, y te despertás.  Igual que cuando suena el despertador.
Miré por la ventana. Todas las horas de la noche habían sido testigos del agua.  Me di cuenta que mi vida, también es testigo del agua. Disfruto de ella, siento las gotas de lluvia  en la punta de la nariz y  las gozo, recreo la vista y me quedo prendida de esas gotitas juguetonas que saltan en los charcos de la calle. La lluvia no para, ojalá nunca pare.
Nací bajo el agua, jugué en los charcos con mis amigas, leí mi primer libro bajo la lluvia, besé y  chapé bajo la lluvia - porque son dos cosas distintas-, me metí al mar bajo la lluvia, celebré mi recibida del secundario bajo la lluvia. Llevo un par de partidos y coberturas bajo la lluvia,  crucé el fin del mundo bajo el agua nieve, o la lluvia que es casi lo mismo. Lo conocí a El y me invitó a salir un día de lluvia, lo "gataflorié" y lo "histeriquié" un día de lluvia y le dije que sí un día de lluvia. Hice radio bajo la lluvia, filmé bajo la lluvia, escribí bajo la lluvia, me emborraché bajo la lluvia, me porté mal en una tormenta, reí y sobre todo lloré en la lluvia. Porque las gotas camuflan las lágrimas.


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