miércoles, 24 de septiembre de 2014

LAURA

Aquella tarde llovía copiosamente. Laura estaba sentada bajo el gran ventanal de cortinas rojas que daba al patio de adelante de su pequeño departamento. Tenía una taza de café en la mano. Al fin y al cabo su vida era eso: café de día, vino blanco por la noche.  Tenía puesto su pijama de caracoles que tanto le gustaba. Apreciaba los pijamas por sobre todas las cosas. Los consideraba prendas cómodas  y hogareñas capaces de todo uso. Estaba descalza, pues le gustaba sentir el piso bajo sus pies.
Laura adoraba la lectura y creía que los días grises eran propicios para tal propósito. Seguía paciente y concienzudamente cada línea de un cuento de Borges que la tenía atrapada, mientras las gotas de lluvia golpeaban con cadencia el vidrio.

De pronto sonó el teléfono, en una primera instancia Laura hizo como que no oía y siguió abstraída en la lectura. Sonó dos, sonó tres veces. Laura se levantó del cómodo puf en el que estaba bajo la ventana levanto el tubo. Soltó  la taza de café y la caída manchó su pijama, el agua de lluvia comenzó a golpear más fuerte el ventanal y de su rostro comenzaron a caer lágrimas.

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