miércoles, 25 de febrero de 2015

LA ERA DE LA ESCLAVITUD

A veces creo que la gente no es consciente de la necesidad de ponerle precios a las cosas. Soy periodista, como diría Gabo, el mejor oficio del mundo, pero no el mejor pagado. Además, soy técnica en Medios Audiovisuales y a veces produzco y edito audiovisuales, lógicamente.
Me pasé seis años de mi vida estudiando en la universidad. Tres de ellos realizando dos carreras y trabajando cinco para poder adquirir experiencia. Esos pocos pesos, fueron invertidos en cursos y capacitaciones. Entre ellas un posgrado.  En resumen, la gente debería entender que no cobro por lo que trabajo, sino por lo que sé, que el freelance también es trabajo y que lo barato no siempre es bueno.
Este año, me propuse que los empleadores no me boludeen más.  Me niego a desperdiciar mi talento en un negocio de mala muerte no relacionado con el periodismo y mucho más me niego a que me paguen limosnas como si fuera una alcancía en forma de chanchito al que le depositan lo que sobran para ahorrar.
El año, empezó dándole clases a una mujer que quería ser editora en igualdad de condiciones frente a mí, profesional universitaria. Todo, se terminó cuando le subí el precio de la clase en un treinta por ciento. Fin del negocio.
Luego, me "contrataron" en una imprenta como Comunity Mannager. El trato eran tres semanas a prueba trabajando por seis horas, seis días a la semana. Esas tres semanas sólo con el pago del transporte. El trato se terminó cuando, a los dos días no me pagaron el transporte y me llamaron a trabajar un feriado, sin paga. La esclavitud definitivamente ya terminó.
El colmo fue la llamada que recibí ayer por la mañana. Una señora quería que prepare a su hijo en las materias de letras para el ingreso al secundario. Antes de preguntarme aranceles, dirección y disponibilidad horaria me consultó sobre mi experiencia y me hizo cantarle mi currículum por teléfono con la simple justificación de que me escuchaba muy joven y dudaba de mi experiencia. Me dieron ganas de decirle que no sabía nada, y que, como me había ido mal con el puesto de venta de panchuques me puse a enseñar.
En resumen. Señor, señora, empleador: si usted desea trabajo bueno, de calidad y profesional no sea negrero y tacaño, pague lo que corresponde, si no conoce de esa área no opine sobre el trabajo del otro y si no quiere cumplir esas condiciones haga las cosas usted mismo, como le salgan.  Y para finalizar las cosas de onda tampoco existen, nosotros también pagamos impuestos, (Porque ustedes no nos ponen en blanco) obra social y comida.



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