La buena suerte no es una de mis mejores compañías y
tal como dicen "Si la vida te da limones, haz limonada". Pero yo, que
tengo una larga lista de sucesos y momentos de mala suerte, he hecho tanta
limonada que podría industrializar la cuestión y poner una empresa como Minerva
o Citric.
Soy Kitch, sí, pero todo tiene una razón de ser. Es que en
búsqueda del azar favorecedor compro todo tipo de deidades y mitologías para la
buena suerte. Desde duendes distribuidos por todo el hogar hasta un buda de
escritorio al que le tiro moneditas de $0,10 que me van quedando de vuelto - no
soy pobre, soy paupérrima-, no sin pasar por el gato chino de la suerte que
agita la mano con fervor. Los tengo en dorado y plateado. Uno sano y uno roto
que ya no saluda, pero del que no quiero deshacerme por miedo a que sea
yeta.
Cintita roja contra la envidia, talismanes para el mal de
ojo, sobrecito de azúcar en la cartera y una licenciatura en el
arte de pintar mandalas son algunas de las chucherías que completan este
ejemplar que aquí suscribe.
Hoy estoy esperando que las buenas energías se apiaden de mí
y que por una vez en la vida no reciba la meada de un elefante, sino una
materia fecal de paloma, que según dicen trae buena suerte. En el día de la
fecha ansío y ruego que por una vez no me aplaste el meteorito y en cambio
caiga una lluvia de estrellas fugaces para cumplir mi deseo.
Sólo por hoy oren en quien crean: Dios, Alá, Buda,
Confucio o porque no en el Universo (Como Nancy, la gordis tierna de Perdidos
en la Tribu), a ver si así las buenas ondas se apiadan de mi ser.
No hay comentarios:
Publicar un comentario