Según mi mamá Dios nunca te abandona. Es decir que vendría a ser una especie de Rexona ( Me hace falta plata, no por nada meto el chivo). Hace un tiempo que deje de ser una católica clásica. Desde hace poco más de tres años cuando comencé a trabajar los fines de semana anule mis asistencias a misa, aunque si lo hago en ocasiones especiales, y me alejé de la iglesia porque convengamos que hay de todo en la viña del señor, incluso algunos peleles. Oro a mi manera, le hablo a Dios como si fuera un pierna más con el que vamos a tomar algún que otro porroncito, pero al fin y al cabo nos comunicamos. Gracias a mi madre me di cuenta de dos cosas: que nadie es mejor que ella para dar consejos y que los psicólogos le roban el trabajo a Dios.
Después de algunos sucesos en mi vida a finales del año pasado y por la insistencia de la gente que me quiere, decidí aceptar, por primera vez en mi vida, la consulta con un psicólogo y resolver mis problemas. En resumen: NOQUIEROVOLVERNUNCAMAS. En esa única experiencia fatídica llegue a la conclusión de que si tenés amigos y gente que te banca no necesitas ir al psicólogo. A menos, que la vida te golpee demasiado fuerte. Tal vez me equivoque.
La sujeta en cuestión se asemejaba a uno de esos duendes que ponen en la puerta de los negocios que venden sahumerios para atraer clientes. Sandalias que parecían zapatos de cuero de camello por la hediondez, pollera caribeña (por estas alturas dudo si no era un pareo reciclado), camisa guayabera y el pelo de un rojo furioso color ciruela - como si hubiera metido el cabello adentro de un frasco de ciruelas en almibbar-. Daba miedo. Por momentos, pensé que era ella la que necesitaba ser analizada.
Le comenté de la falta de trabajo, una de las principales causas de mi problema de ansiedad. Pero la tipa, después de preguntarme hasta el color de medias que tenía puestas, me mandó a trabajar en un call center.
No tengo nada en contra de los pobres explotados que trabajan en el call center, es más, los compadezco, pero juro que me indignó más eso que el diagnóstico de retrasada que me dio ¿Cómo osa esconder la calidad de mi pluma y mis muchos años de trasero roto de tanto estudiar detrás de una computadora? Es más, sucedió algo peor: me acusó de haber estudiado algo que no me hace feliz. ¿Si no fuera feliz escribiría todo el día? ¿Si no estaría contenta iría a meterme en medio de los conflictos para que me alcance un proyectil con peligro de muerte? Creo, que la tipa debería replantear su terapia.
En fin, anoche volví con el problemita de ansiedad porque ningún diario quiere llamarme, pero lo hablé con Dios y me fue mejor que con la psicóloga.
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