lunes, 1 de diciembre de 2014

BIENVENIDO DICIEMBRE

Cada año, subirse al tren de diciembre resulta toda una aventura.
Por estas alturas del año ya sólo cabe la resignación. Ahora, sabemos con certeza que de todas aquellas cosas que prometimos del 31 de diciembre del año pasado, hace 360 y pico de días, sólo cumplimos el 25 por ciento.  No bajamos de peso, no conseguimos un trabajo mejor, no logramos un aumento, seguimos tan gruñones como siempre, sin perdonar al pelotudo que te rayó el auto, y levantándote cinco minutos después de que suena el despertador cada mañana. Es lo que se conoce como el clásico Balance.
Así como los medios de comunicación hacen el anuario, en cada una de nuestras materias grises comienza a circular el video que resume el año personal. Nobleza obliga:  nos dan más ganas de largarnos a llorar que de reír a viva voz.
Sumado a eso, se empiezan a lustrar las escopetas para los saqueos nuestros de cada año y se empiezan a juntar los últimos pesos, porque te das cuenta que para las vacaciones no llegás ni a la localidad más cercana. Para colmo no reciben tarjeta de crédito.
Pero no todas son pálidas en esta vida. Con la llegada de diciembre llega el armado del árbol navideño. Aquella jornada  en la que te hacés una especie de milanesa humana para dejar contentos a niños y abuelos, porque seamos sinceros a los adultos el arbolito nos importa un huevo.  Bajar el  pino canadiense de la caja en la baulera. Llenarte de tierra, manguerearlo: mojarte, sacar los adornos: llenarte de purpurina. Así, quedás más parecido a Zulma Lobato que a cualquier ser humano normal. (Ojo, capaz te sirve de algo y podés cobrar el subsidio nuevo). Cumplido este paso, llega el tensionante momento de las luces que por más acomodadas que las hayas dejado el año pasado, las hijas de puta siempre estarán enredadas. Cumplida la tarea llega el último paso: buscás el pesebre y te dás con que es un rejunte de pesebres de los años anteriores porque en promedio, cada año se decapitan al menos dos reyes magos. Así, tenés dos Reyes Magos negros (Disculpas INADI) o una virgen María melliza de una pastora. Sin embargo, no se termina aquí. Si tenés la suerte de tener una casa espaciosa la casita de madera terciada va sobre bollos roñosos de papel madera sin estabilidad. Si tu casa es una caja de zapatos el pesebre va arriba de tu cabeza.
Si la crisis social es el riesgo de cada diciembre ¿Que esperar del aumento del precio del peceto?. Según las amas de casa seguidoras de Lita de Lazari, precavido vale por dos, octubre es la mejor época para juntar las compras navideñas por el bajo costo. De esa forma el freezer se llena de pecetos, matambres y cuantas carnes suculentas existan para no dejarte lugar para un sólo porrón  cuando la temperatura acecha calcinante.
La última amenaza. Desde hace poco más de dos décadas cada diciembre somos testigos del probable fin del mundo. Si a mí me pilla el fin del mundo que me agarre bailando, por eso, cada fin de semana del último mes del año me la paso de juerga  en juerga
Al fin y al cabo ya llegan las vacaciones.

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