No seamos ilusos, desde que la Coca Cola puso sobre la mesa la figura de Papá Noel o quizás ya algún tiempo antes, el nacimiento de Jesús dejó de ser una fiesta meramente religiosa para convertirse en una fiebre de consumo. Pero no es tiempo ahora de hacer un ensayo teológico sobre todas esas cuestiones.
Pocos días antes de la llegada de la navidad, los terrícolas se vuelcan masivamente a comprar regalos: desde el bebé recién nacido, hasta la tía Porota que está tocándole los piecitos a Dios, todos reciben el presente. Lo peor del caso, que con la inflación que azota al país, los regalos, como los sueldos, van bajando de calidad.
No termina ahí. Decenas de nonagenarias asisten a las peluquerías de barrio para hacerse teñir, atarse los ruleros y modelarse el pelo. Los días posteriores no se lavan la cabeza, porque podrían volver a peinar canas o desteñir el cabello ¡Mamita! ¡ Y con los 40º C que cada año hornean a Tucumán!
Las mujeres, sobre todo, recorren por horas locales de ropa buscando alguna que otra prenda para estrenar. Gasto inútil, si al fin y al cabo se visten bonito para quedarse en casa y lavar platos hasta bien entrada la madrugada. La tarea femenina no termina allí. En esa misma salida, el desafío es encontrar "El calzón de oro" en esos canastos que las lencerías llenan de bombachas rosas de oferta, que todo el mundo toquetea y que, como están de oferta tienen un elástico de calidad taiwanesa.
Si su problema es la hipertensión no concurra al supermercado. Allí, durante las largas horas que demanda la tarea de hacer fila para pagar, hasta el más bruto puede hacer un estudio sociológico de los hábitos de consumo de los argentinos. Los hombres llenan el carrito con maltas, vinos, espumantes y fizzes baratos creyendo que esos los alimentará durante toda la época festiva que se extiende durante 10 días aproximadamente. Las mujeres compran turrones, praliné (que sólo en diciembre es denominado garrapiñada), pan dulce lleno de frutas podridas y cuanta comida nórdica se le parezca ¿Nadie les dijo que con el calor que hace nos vendría bien una ensaladita y comida fría?
Ya llegado el 24, la tarea de las féminas es cocinar puercos adobados desde octubre (Si bromatología se entera...), hervir matambres arrollados, hornear pollo y pecetos mechados - recordar aquí el hecho de la peluquería y los informes meteorológicos antes mencionados-. Los hombres se abocan a llenar la heladera de etílicos y armar sandwiches de miga, que con la humedad de este territorio se secan y llegan a la noche con todas sus esquinas dobladas.
Sin embargo cada nochebuena es un recuerdo, un abrazo compartido con los que ya no están. El abuelo Braulio que seguramente dará gracias en el más allá por el campeonato de La Academia y renegará por los sandwiches de queso y mayonesa. El abuelo Humberto que desde donde esté llenará la pileta del lavadero con hielo para enfriar las bebidas. Las tías que seguramente harán sus comidas italianas para la larga mesa de allá arriba.
A levantar la copa, a reírse de los problemas y a ser inmensamente feliz ¡Feliz Navidad!

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